María Sharapova es la mujer más vendedora de la historia del deporte y ninguna otra parece poder asomarse para hacerle algo de sombra. Su talento, belleza e incluso sus llamativos gritos lograron un coctel perfecto a la hora de la venta. Firmó su primer contrato a los 9 años con IMG durante un torneo juvenil en Florida. A partir de ese momento, la rusa se transformó en una verdadera maquina de facturar.
A lo largo de su carrera dobló sus ganancias por sponsors por sobre el dinero recaudado como tenista. Tras una lesión que la dejó casi un año muy lejos de la elite del circuito WTA, continuó generando números con valores muy superiores a lo de las Top Ten, incluso equiparando en algunos contratos a los dividendos percibidos por Rafael Nadal y Roger Federer. María Sharapova representa mucho más que una gran deportista. Su imagen engloba como nadie la estampa de la belleza y el éxito.
Por lo tanto, la parte importante de la creciente fortuna de Sharapova viene de sus acuerdos publicitarios, mientras que las ganancias provenientes del tenis representan apenas el 20% de sus ingresos. Elige a sus patrocinadores con extremo cuidado y busca relaciones a largo plazo. A la mayoría de sus sponsors no les interesa tanto la deportista como Maria Sharapova, la persona. Incluso después de estar apartada de las pistas durante ocho meses debido a su lesión en el hombro, TAG Heuer desvela una nueva campaña de marketing en torno a su imagen en marzo de 2009, seguida por las marcas Cole Haan y Sony Ericsson, Nike, Prince, Gatorade... Segura de sí misma y preparada, es una consumada comunicadora con una imagen impecable y un sentido del estilo único que se extiende más allá de las pistas de tenis. A la moda, al diseño y a los sueños de sus millones de fans.
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